La sombra del shōgun
Libro V de la Leyenda de Jhuno
EPÍLOGO: EL CHUCHILLO DE IZTLI
― Según Enrique
Canudas Sandoval, en su libro titulado Las
venas de plata en la historia de México, en su volumen I: «La Obsidiana, tenía una importancia militar y económica para los
pueblos del valle de México, mientras que, para los conquistadores, aquella
piedra, bella y reluciente como la noche, no tenía ninguna significación, ni
económica ni de ninguna otra índole. Para los pueblos del valle de México, tuvo
un valor estratégico, puesto que de ella y de su trabajo, dependía el vencer o
ser vencidos y ser sometidos a pagar un tributo. De la posesión o no de los
cerros de obsidiana (los yacimientos) dependía la supremacía militar en el
valle de Anahuac, de ahí el nombre y la importancia económica y militar del
denominado Cerro de las Navajas, en el actual estado de Hidalgo, quizás el
principal yacimiento de obsidiana en la antigüedad prehispánica. Con la
obsidiana se fabricaban las armas más mortíferas de la época, y a su trabajo se
dedicaba un ejército de artesanos u oficiales especializados en el arte del
tallado o tajado de la filosa y cortante piedra negra, con el fin de producir
armas, hachas y cuchillos. Con cuchillos de obsidiana con su punta y sus filos
en ambas partes de la hoja, mataron los guerreros aztecas a muchos caballos y
jinetes conquistadores. Las flechas que les lanzaban llevaban todas sus puntas
de obsidiana. Muchas de esas armas fueron especialidad del Cerro de las Navajas».
Todo ello es de suma importancia para comprender el valor, estratégico, en
términos actuales, de la obsidiana para los pueblos de Mesoamérica,
concretamente para el imperio azteca y sus aliados, ― comentaba William―.
―Si todo esto está muy
bien, te agradezco el informe sobre la obsidiana que has realizado, nos vendrá
muy bien, para el día en que publiquemos la historia. Sin embargo, creo que en
lo que respecta a las propiedades de la obsidiana, has sido un poco exagerado,
o al menos eso me ha parecido, ―contestaba Savannah, tratando de restar importancia al
informe que le había presentado William, del que no tenía más remedio, en su
fuero interno que, reconocer era minucioso en su trabajo―.
― ¿Podemos dar por
hecho que el chuchillo de obsidiana es un cuchillo azteca, de los usados para
sacrificio?
―Sabes que sí, William, es del material
empleado para esos menesteres, tiene la forma, desde luego que es un chuchillo
azteca, y era empleado para tales menesteres.
―Si damos por hecho
eso, tendremos que dar por hecho de que nuestro héroe estuvo en el valle de
México, pues sería harto improbable que lo obtuviera de otra manera, según creo
yo, ―puntualizaba William―.
―Lo damos por hecho,
―decía resignada Savannah,
ante tales argumentos de William, tan difíciles de rebatir, lo cual le
desesperaba en grado sumo―, pero ya me dirás,
entonces, ¿qué fue lo que hizo que viajara desde las grandes praderas del
bisonte a aquellas tierras tan al sur?
―Eso va a ser
imposible de averiguar, no tenemos elementos objetivos para analizar esas
causas, desde luego va a quedar en el misterio, así como la ruta elegida, que
bien pudiera ser una ruta, no necesariamente la más corta, pero si la más
segura, para aquellos tiempos y aquellas culturas.
― ¿Te atreverías a
trazar una ruta, entre las colinas negras
y el valle de México que, hubiera podido utilizar?, ―preguntaba pícaramente Savannah, sabedora de que
no tenía elementos de juicio para poder hacerlo―.
―Entre las grandes
praderas y Mesoamérica hay un gran escollo que superar, son los grandes
desiertos de Sonora y de Chihuahua, especialmente este
último, así como la aridez de las tierras al sur de estos desiertos, ―empezó a
decir William―.
― ¿Qué me quieres decir
con eso?
―Muy sencillo, siendo
nuestro héroe un hombre del norte, acostumbrado un hábitat donde abundan los
grandes bosques, agua y hielo, el estar en las grandes praderas americanas, ya
le supuso una adaptación en sí misma a otro tipo de hábitats, pero si su
intención era viajar al sur, es muy probable que aquellos pueblos supieran del
gran desierto que tenían que atravesar, por lo que, yo en su lugar, optaría
primero por adaptarme a ese nuevo hábitat, antes de atravesarlo, caso contrario
podría costarle la vida.
―Mójate William, dame una ruta, o reconoce que eres incapaz
de hacerlo, ― decía Savannah, sin que pudiera evitar una sonrisa de triunfo sobre
William―.
― ¿Ya estáis otra
vez?, ― preguntaba Kateryna, al ver que Savannah y William estaban enfrascados en
la típica discusión de «ver quien la
tiene más grande» ―.
―Siempre es William el
que empieza, dándoselas de listillo, así que le he puesto a prueba, a ver si me
dice una ruta y me la razona, ―contestaba a la bella rubia ucraniana ―.
―Pues bien, yo en su
lugar, atravesaría las montañas rocosas, al oeste de las grandes praderas, lo
que no le supondría gran esfuerzo a Jhuno, pues las montañas con sus grandes
alturas y nieve, sería un medio ambiente muy similar al de su tierra natal.
― ¿Para qué iba a
hacer eso?, ― preguntaba muy interesada Savannah ―.
― Muy sencillo, para
entrar en la Gran Cuenca, un área que cubre los
estados actuales de Nevada y Utah, así como las partes circundantes de los
estados próximos a éstos, Oregón, Idaho, Wyoming y California. Una árida meseta
delimitada en el este y el oeste por cadenas montañosas. Sus corrientes fluviales
corren hacia el interior de esa meseta, lo que produce numerosos lagos salobres
y pantanos. Su clima es continental, siendo los inviernos muy fríos y los
veranos extremadamente calurosos. A pesar de ello, siempre hubo suficiente
flora y caza para mantener a pobladores humanos, pero en muy dispersa y escasa.
El lugar más idóneo para adaptarse a la vida en el desierto. Esa, es mi teoría
de la adaptación que buscaría Jhuno, antes de atravesar el desierto de Chihuahua.
―Reconozco, que es una teoría
acertada, tienes una capacidad de análisis de las situaciones, que a mí se me
escapan, por eso te pregunto tanto. Vamos a cenar, mañana seguiremos con esto,
―dijo, casi ordenó Savannah―. Kateryna
y William obedecieron, sabían lo que vendría después de la cena y unas copas, a
ellos les agradaba ser como eran, y les encantaba agradar de todas las maneras
posibles a Savannah.
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