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lunes, 13 de mayo de 2019


Representación de la diosa Kali
El cuarto jinete
Libro VII de La Leyenda de Jhuno
EPÍLOGO: El Informe y las teorías
—Si ya sé que piensas que deliro —decía William cuando Savannah le había dicho que se le había ido la olla—, pero créeme, estoy casi convencido de que la pandemia que te digo tuvo origen en Jhuno. Te lo voy a explicar con detalle, para que lo entiendas.
—Estoy esperando que me convenzas William, pero todavía no lo has hecho —le contestó, rápidamente Savannah—.
—Mira Savannah, yo tampoco estoy seguro, es más los datos que he podido recopilar, apuntan a las causas como otras distintas de la que te he dicho yo, pero aún, así y todo, estoy prácticamente convencido de lo que te estoy diciendo. Como causas siempre se indican que la peste vino de Asia, mira, en eso estoy de acuerdo, incluso que la trajeron los jinetes mongoles, pero en lo que no estoy de acuerdo es en como esos jinetes se contagiaron. Para todo eso he realizado mis investigaciones que, quiero que sepas antes de seguir disertando sobre el tema.
William dio muchas y arduas explicaciones sobre el tema, pero la cara de Savannah dejaba entrever, en sus gestos que, no estaba del todo convencida. Las causas u orígenes de la pandemia eran diversas y de distintas fuentes, algunas fiables, algunas difusas, en un amplio espectro territorial de Asia, pero de sus explicaciones, hubo de reconocer, objetivamente, Savannah que, en ninguna de aquellas aseveraciones de William, éste había podido demostrar, ni siquiera intentó afirmarlo, que Jhuno había sido el causante de tal epidemia, y así se lo hizo saber.
—¡Pero convendrás conmigo en una cosa, Savannah, la peste es originaria de Asia!
—Sí, en eso estoy de acuerdo, basándonos en lo que nos has contado, está claro que la peste es originaria de Asia, no deja lugar a dudas.
—Pero date cuenta Savannah, de que todos los autores, si bien no se ponen de acuerdo en el punto concreto donde se originó la peste en Asia, ya ves que unos dicen que, en China, otros en la India, algunos lo ubican en el desierto de Gobi, etc., pero en lo que están de acuerdo todos los autores, es que el punto de introducción de la peste en Europa es la ciudad de Caffa, en Crimea, a orillas del mar Negro.
—He de admitir que así es, en eso coinciden todos los autores.
—Bien, ahí quería yo llegar. ¿Entonces damos como bueno que, fue en Caffa donde se originó la peste, en Europa?
—Vale William, lo damos por bueno, —dijo Savannah—.

Asesinato de Pedro I a manos de Enrique II de Trastámara
El cuarto jinete
Libro VII de La Leyenda de Jhuno
CAPITULO XX: Guerra civil castellana II
Du Guesclin había sido tentado por prebendas económicas y territoriales por parte de Pedro I, así que simuló aceptar tales ofertas, citando al monarca en su propia tienda de campaña que mantenía en los exteriores de Montiel.
Según la leyenda, aquel encuentro entre Pedro y Enrique, hermanastros irreconciliables tuvo tintes de una obra trágica.
 Allí se presenta el rey, acompañado, entre otros, de Men Rodríguez de Sanabria, de Fernando de Castro y de Fernando Alfonso de Valencia. Cuando llegó al lugar, Enrique que apreció en la tienda, preguntó a su hermanastro Pedro. El rey castellano daba por supuesto que se iban a respetar las formalidades mínimas pero lo cierto es que no había tomado las precauciones necesarias para evitar tan mayúscula sorpresa. Esa confianza, le costaría la vida y el reino.
«Muy ajeno el infortunado rey a la felonía o canallada del caballero francés Du Guesclin, salió con hora prefijada con tan solo tres caballeros de su confianza, pasó a la tienda del villano extranjero que le vendió. Pero las reticencias de Du Guesclin y su tardanza en conducirle, inspiraron sospechas en don Pedro, que decidió regresar a la fortaleza amurallada de Montiel, cuando avisado secretamente el de Trastámara, se presentó furioso en la tienda lanzando insultos contra el hermano, a quien ya ni siquiera conocía.
Allí, su hermanastro, bien plantado y seguro de sí mismo, le espera junto al fornido gigante francés, jefe de las Compañías Blancas, ejercito mercenario que lo mismo valía para un roto que para un descosido, y le pregunta:
¿Dónde está ese judío hideputa que se nombra Rey de Castilla?
¡El hideputa seréis vos, pues yo soy hijo legítimo del buen Rey Alfonso! respondió inmediatamente Don Pedro que fue el primero en iniciar el combate.
—¡Mandaste a matar a mi madre y a mi hermano y aunque del mismo padre, hoy muere uno de los dos!
Quien en el sepulcro cuadre, gran bastardo, seréis vos. Que soy por divina ley, de Castilla único rey. ¡Oh, mísero usurpador!
Para que pueda heredarte, tus corona y estandarte, ¡muere pues rey y señor!». El Rey Don Pedro el Cruel. Tragedia en Cuatro Actos de Santiago Sevilla
En un momento de la contienda entre los dos hermanos, que peleaban puñal en mano, el rey de Castilla, Pedro I, consiguió desarmar a Enrique, Conde de Trastámara, pero en aquel preciso instante, Bertrand du Guesclin intervino sujetando al rey por la pierna y haciéndolo girar. Ese, fue el instante que aprovechó Enrique para matar al, hasta ese momento, rey de Castilla, con una estocada mortal. Después de la lucha, el caballero francés Bertrand du Guesclin se justificó con su cita más conocida.
Don Enrique, después de asesinar a su hermano, se cebó furiosamente en su cadáver profanándole bajo sus plantas y cortándole la cabeza. Don Pedro I el Cruel, a su muerte, contaba con treinta y cuatro años de edad. Poco antes de morir mandó asesinar a un fraile dominico porque tuvo el valor y la clarividencia de advertir al rey que no fuese a Toledo. El profético monje tenía el presentimiento, y así lo anunció al monarca, de que perecería luchando con su hermano Don Enrique.
 A continuación, la cabeza del monarca fue clavada en una pica y exhibida entre las tropas, exponiéndola en las almenas del castillo de Montiel. Con la muerte de Pedro I terminó el reinado de la Casa de Borgoña en Castilla y empezó el de la Casa de Trastámara, que casi dos siglos después, llegaría a su final con la muerte de Fernando el Católico.
Muerte del infante Don Fadrique Alfonso de Castilla
El cuarto jinete
Libro VII de La Leyenda de Jhuno
La muerte en 1350 de Alfonso XI significó, en gran medida, una liberación para María de Portugal. Durante muchos años, tanto la reina como su privado, Alburquerque, habían esperado la desaparición del monarca o de su concubina para recuperar el papel que les correspondían en la corte. Aunque su hijo Pedro tenía ya dieciséis años al acceder al trono, su juventud iba a permitir a la reina madre y a su valido controlar el poder y dar rienda suelta a sus ambiciones e, incluso, a su sed de venganza. María aprovechó el nerviosismo y la desunión de la nobleza tras la muerte de Alfonso XI para afianzar su propia posición política y la de Alburquerque. Éste consiguió hacerse con el gobierno gracias al apoyo de la reina madre desde fines de 1350.
Durante los siguientes tres años, el partido de la reina desencadenó una brutal represión contra algunos nobles levantiscos en Vizcaya, Burgos (Garcilaso de la Vega) y Aguilar (Alfonso Fernández Coronel). Pero la primera víctima de este proceso de «depuración» emprendido por la reina María fue su antigua rival, Leonor de Guzmán. Ésta se había refugiado en Medina Sidonia tras la muerte de Alfonso XI y la desbandada de sus antiguos partidarios. Alburquerque consiguió hacerla salir de su retiro dándole garantías sobre su vida y su libertad. Leonor se reincorporó a la corte, pero allí quedó convertida en prisionera de la reina madre. Tras una breve reconciliación entre los nuevos dueños del poder y los antiguos colaboradores de Alfonso XI, Leonor intentó recuperar parte de su influencia y asestó un golpe de mano a María de Portugal, al casar, sin consentimiento de Pedro I, a su hijo mayor, Enrique de Trastámara, con Juana Manuel, hija del infante Don Juan Manuel. Ello significaba una amenaza para Pedro I, pues este matrimonio reforzaba sustancialmente los derechos de Enrique y de su descendencia al trono castellano. Por ello, Alburquerque, bajo la férula de la reina, hizo encerrar a Leonor de Guzmán en Carmona bajo estrecha vigilancia. Es posible que, desde fines de 1350, la reina albergara el propósito de acabar con la vida de Leonor, tanto por saciar su antiguo resentimiento contra ella, como por evitar que se convirtiera en cabeza de la oposición nobiliaria. En enero de 1351, la corte salió de Sevilla para visitar las tierras de la Orden de Santiago, llevando consigo a Leonor de Guzmán. Después de esta visita, Alburquerque ordenó que Leonor fuera llevada prisionera a Talavera de la Reina, ciudad que pertenecía en señorío a María de Portugal. Allí, poco después, Leonor fue asesinada, probablemente por instigación directa de la reina madre, quien, sin embargo, trataría posteriormente de llegar a una reconciliación con los hijos bastardos de Alfonso XI.